Esta insólita pregunta refiere a las cuestiones centrales de paz y seguridad. Nadie en América Latina piensa morir defendiendo la soberanÃa, pero millones temen ser heridos o muertos en las calles. Las mayorÃas latinoamericanas consideran la inseguridad como principal problema, incluso por encima de la pobreza.
Vivimos una situación regional de no guerra pero con enorme inseguridad para las personas y no poca para los Estados. La paz como ausencia de conflicto externo fue la preocupación principal de los gobiernos de América Latina y el Caribe que, por otra parte, descuidaron la seguridad de las personas, cuando no atentaron contra ellas desde actuaciones autoritarias. El mundo se ha globalizado, desterritorializando los temas de seguridad y produciendo mayor imprevisibilidad y peligrosidad, con inéditas interconexiones delictivas. Nuestros Estados priorizaron la seguridad externa, consintiendo gastos militares no necesariamente adecuados para una región que tuvo pocas guerras y no admite que se produzcan otras. A ello contribuye la cuasi generalizada participación de los militares en polÃtica y los espacios de poder que aún mantienen.
La región todavÃa arrastra serios problemas de pobreza, desigualdad y variadas formas de exclusión, corrupción, falta de salud, educación, infraestructura, justicia y, obviamente, seguridad; producto en buena parte de la ineficacia y el desorden de gobiernos y Estados. Las conductas antisociales y la delincuencia han aumentado, estimuladas por la globalización que, como apuntan los estudiosos, tiene un lado oscuro; y también por la generalización del uso de drogas, el crecimiento de grupos delictivos y la pérdida de valores cÃvicos. La seguridad hoy es “multidimensionalâ€.
La inseguridad fÃsica personal, producto de la violencia familiar, urbana, polÃtica, delictiva y en casos terrorista, aumenta diariamente. La región exhibe los mayores Ãndices de homicidios, las ciudades más violentas, agresiones a mujeres y niños, sicariato, maras, pandillas, tráfico de personas, drogas y armas; lavado de dinero, migraciones desordenadas, fanatismos étnicos, ideológicos y deportivos, secuestros, extorsiones, falsificación, protestas violentas con pérdidas de vidas y destrucción de propiedades públicas y privadas; y hasta pandemias y afectación del medio ambiente. Recordemos que Perú recuperó el puesto de primer productor mundial de cocaÃna.
Esta situación, a pesar de su horrible impacto humano, social y económico, no es aún cabalmente admitida ni recibe la indispensable prioridad polÃtica, académica y social. En épocas recientes se popularizó el concepto de “nuevas amenazasâ€, que no da cuenta cabal de la situación porque varias no son nuevas ni se pueden enfrentar solamente recurriendo a la fuerza armada o la policÃa.
Entender la problemática regional de seguridad exige reconocer que sus Estados y partidos polÃticos son poco representativos, débiles e ineficientes, los sectores más directamente concernidos con la seguridad de las personas: Ejecutivo, Legislativo, Judicial y FiscalÃa actúan sin concertación adecuada, subsisten formas de autoritarismo, los polÃticos siguen sin admitir su responsabilidad frente a la función principal del Estado; y también que nuestras sociedades son muy tolerantes con la corrupción y bastante pasivas frente al delito, evitando denuncias y favoreciendo la impunidad.
Sin atención adecuada a las complejidades de la problemática de seguridad ni a los nuevos enfoques necesarios para entenderla, sin diagnósticos adecuados ni polÃticas claras, priorizadas y viables, las respuestas siguen siendo puntuales e ineficaces. Comprar más armas y equipos, incrementar sueldos de militares y policÃas y aumentar las penas son, con excesiva frecuencia, los únicos planteamientos polÃticos que se formulan.
Otra enorme carencia es la falta de cooperación de los Estados. Gobiernos aferrados a sus legislaciones, instituciones y procedimientos, no reconocen que los problemas de seguridad exceden sus capacidades individuales. Empero, sobran conferencias, declaraciones y hasta acuerdos. Contradictoriamente, desde la creación de UNASUR varios de sus paÃses han gastado sumas enormes en armamentos “defensivosâ€. En la seguridad de las personas, la práctica regional es tan burocrática y escasa que no puede enfrentar la versatilidad, dinámica, capacidad financiera y logÃstica de la delincuencia transnacional organizada, enlazada a las delincuencias locales.
Tres escenarios podrÃan caracterizar el futuro. El incremento de la tendencia actual que llevarÃa a la inseguridad generalizada y el colapso de sociedades y Estados. El logro de algunos resultados puntuales, sin abordar la problemática en su conjunto, que impedirÃa el desastre pero no incrementarÃa sustancialmente la seguridad. Finalmente, no es imposible que esfuerzos internos e internacionales concertados y eficaces incrementen la seguridad de todos. Ello hizo posible, por ejemplo, la erradicación de la viruela y viabiliza la lucha contra otros males globales.
El futuro no está escrito y si se admitiera que el auténtico “interés propio ilustrado†es la más amplia cooperación, un mundo más pacÃfico y más seguro no serÃa un sueño. Quien crea que ello es pura ingenuidad, que siga como hasta ahora y que los hijos y nietos del 2062 se las arreglen como puedan.
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